Existe una creencia popular de que el cambio horario favorece el ahorro energético. En esta publicación pondremos a debate las dos vertientes: los que realmente piensan que se ahorra energía con esta medida, y los que no.

Esta medida, cuyo origen se remonta a la Alemania de la Primera Guerra Mundial, se generalizó en 1974, cuando más de 70 países decidieron adoptar un horario diferente para verano e invierno, a raíz de la crisis del petróleo que disparó los precios del crudo y por tanto encareció el coste de la energía.

Si hacemos caso a los datos que nos facilita el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), este cambio de hora nos ayuda a ahorrar un 5% (aunque algunas fuentes de organizaciones ecologistas indican que en España, debido a la latitud que ocupa, esta medida no tiene tanto sentido desde el punto de vista energético, y bajan este porcentaje a menos de un 1%), equivalente a unos 300 millones, de los que 90 millones corresponderían al consumo doméstico (unos 6€ por hogar) y el resto a la industria o a la iluminación de edificios de servicios.

La verdad es que el ahorro doméstico en muchos casos es relativo, ya que la luz que no usamos a primeras horas del día al final la gastamos (al menos en parte) con esos atardeceres más tempranos. Habría que cuantificar también un posible gasto extra en calefacción, ya que en muchos hogares se vive más bien durante la tarde.

Sea como fuere, en todo caso el cambio horario nos permite a las personas disfrutar de más horas de luz, lo cual aumenta nuestra calidad de vida y nuestra actitud positiva ; )